Soy Rodrigo Sepúlveda, chileno y vivo en Santiago.
Como siempre digo: mi trabajo no me define y si bien llevo más de veinte años trabajando en la industria audiovisual, trabajo que me ha entregado infinitas satisfacciones, no concentra ni por mucho la mayor parte de lo que me interesa y me importa.
En primer lugar soy una persona enamorada de mi familia. Disfruto de las cosas simples, como pasar una noche con mi gente viendo películas comiendo algo rico, leer un buen libro de ciencia ficción acompañado de un buen espresso, y siempre (¡siempre!) me han gustado los videojuegos. Juego desde el Pong y era de los que se pasaban horas con los amigos en los arcade jugando en máquinas de pinball (sí, así de viejo).
Soy también ingeniero de sonido y músico de formación (estudié en la Universidad de Chile) y es el oficio con el que empecé a trabajar y que sigo ejerciendo todos los días. Comencé como asistente de sonido en Televisión Nacional de Chile, después de un par de años un gran maestro (Jorge Valdés) me invitó a trabajar en el área de post-producción en el mismo canal. Luego vino la musicalización de algunas telenovelas, el salto a Megamedia (otro canal de televisión), mayores responsabilidades como jefe de musicalización (music supervisor) y bueno… aquí estamos.



Por otro lado, el código es un interés que arrastro desde muy joven: pasando desde escribir programas pequeños en Atari BASIC, hasta escribir un clon de VisiCalc en un Atari 800XL a punta de rutinas USR en «código máquina». No tengo formación formal en desarrollo, pero siempre que puedo estudio un poquito. Desde hace un tiempo retomé el «hobby» estudiando un poco de Swift y escribiendo herramientas chicas para resolver problemas que tenía yo mismo en mi trabajo, sin ninguna ambición mayor. En algún punto dejó de ser un experimento y se convirtió en algo un poco más serio. Sigo aprendiendo sobre la marcha, y probablemente se note bastante.
Entre esas dos cosas, el sonido y el código, hay más cosas en común de lo que parece. Superviso la música de varias producciones dramáticas a la vez: estética, semiótica, clasificación, flujos de audio completos, etc. Es un oficio artístico y técnico que exige oído, pero sobre todo criterio y empatía: hay que saber distinguir la diferencia, al componer o seleccionar, entre música que cuenta una historia y música que solo decora. Programar terminó pidiéndome ese mismo tipo de criterio, solo que aplicado a otro material.
La fotografía la practico como amateur, pero le he dedicado tiempo real de estudio, no solo la técnica, sino también su historia y su teoría. Comenzó como un hobby desde que era chico, cuando mis viejos me regalaron una cámara pocket (de esas con cartucho). Una de las cosas que más me gusta de la fotografía es que no es «audiovisual», es solo visual. En mi trabajo las historias van acompañadas de música, en fotografía las historias van acompañadas de silencio. Eso para mí es fascinante. Y mientras más aprendo, más evidente es (así como en cualquier otra disciplina o arte) que me falta mucho por aprender.
Leo mucho, sobre todo ciencia ficción, historia y últimamente bastante filosofía. En los últimos años he estado estudiando el estoicismo de forma seria, no como curiosidad intelectual sino como filosofía de vida aplicada (es impresionante cómo cambia la forma en que uno enfrenta los conflictos, el estrés de la vida y la toma de decisiones). Buena parte de esa práctica se la debo a que hace algunos años apareció en nuestras vidas un pequeño (ya no tan pequeño) gran maestro, un viejito chico intelectualmente muy curioso, quien sin proponérselo me obliga a aplicar en la práctica lo que antes solo leía en teoría.
Me importa la precisión por encima de casi todo lo demás. En el audio, en el código, en la fotografía, en lo que leo. Este sitio es, en el fondo, el cruce de esas disciplinas – sonido, código e historia – contado despacio, con la calma que regala la madurez, sin apuros.

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